domingo, 29 de marzo de 2009

La ballena

La ballena había perdido un ojito el Invierno pasado, y nadaba de costado, perfectamente, escudriñando los pormenores que guarda el océano. Cuando se cansaba, volvíase sobre su perfil izquierdo y, así, quedábase adormida. Luego, aproximándose ya la tarde, hora en que la luz se extingue en las aguas, con ligero movimiento de su aleta hundíase en las profundidades y no precisaba nadar mucho para alcanzar la roca azul de su reposo, a la puerta de la cual se tendía llenando los corales de burbujas.

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