domingo, 29 de marzo de 2009

Nunca

El niño pasea por prados lejanos y demoraría vidas esperar su arribo que se entretiene. Canta, salta y se moja en el agua desconocida de los animales. Penetra las tinieblas con preciosa bolsa y sonríe al junco que lo desliza seguro por la huella de pies grandes. Y como no conoce mercados ni luces enfermas, no visita las fiestas prisioneras de los pueblos.

Las madres prometen largos juegos cuando él llegue. Los hombres trepan, buscan, tallan alta silla, y se piensa en un futuro que asegure que esa cortina será la gracia de la calle. ¿Y el escudo? Ese ya está ocupado por el señor y la dama de colores.

Los hijos solitarios han elevado un mirador. Arriba, con sus primeros peinados, escudriñan con gestos y juegos el mismo racimo. Excitados por lo que suponen ya cerca, con gritos reclaman a los atrasados que corren portando sus ruedas y cañas.

Pero el niño pasea por prados lejanos y demoraría vidas esperar su arribo que se entretiene.

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